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Tres cuentos con moraleja.


Este mes queremos presentaros tres cuentos extraídos del boletín de Estimulación ADAI. Son cuentos para adultos, que nos hacen ver, de un modo curioso, distintas formas de ver la vida.


EN LO MÁS PROFUNDO


Al principio, los seres humanos tenían los mismos poderes que los dioses pero eran tan vanidosos y orgullosos que se servían de ellos de cualquier manera.


Por eso, un día, un grupo de sabios, decidió quitárselos aunque no sabían dónde esconderlos.


1El primer escondrijo que imaginaron fueron los océanos pero, después de haber reflexionado, llegaron a la conclusión de que los seres humanos, a pesar de todo, eran muy inteligentes y terminarían por encontrarlos. Enseguida pensaron en lo más profundo de la Tierra pero creyeron que allí también acabarían por descubrirlos. Entonces, pensaron ocultarlos en el espacio aunque pronto llegaron a la conclusión de que allí también los hallarían. Finalmente decidieron esconderlos en un lugar en el que nadie pensaría ir a buscarlos: en lo más profundo de su corazón.


Desde ese día, los seres humanos están buscando alguna cosa. Han cruzado todos los océanos, horadado la Tierra, explorado el espacio pero el único rincón donde jamás han pensado buscar es en lo más profundo de su corazón.


LAS DOS RANAS


Dos ranas saltaron dentro de un cubo de nata en una lechería.


-Más vale que nos demos por vencidas –croó una de ellas mientras se esforzaba en vano por salir. Estamos perdidas.


rana-Sigue nadando –dijo la otra. Saldremos de alguna manera.


-Es inútil –chilló la primera. Es demasiado espeso para nadar, demasiado blando para saltar y demasiado resbaladizo para arrastrarse. Como de todas maneras hemos de morir algún día, mejor que sea esta noche.


Así que dejó de nadar y pereció ahogada.


Su amiga siguió nadando y nadando sin rendirse. Y al amanecer se encontró sobre un bloque de mantequilla que ella misma había batido. Y allí estaba, sonriente, comiéndose las moscas que acudían en bandadas de todas las direcciones.


LOS DOS HOMBRES Y LA CHIMENEA


-Maestro - preguntó un hombre - quiero aprender de tu sabiduría. Me gustaría poder tomar la decisión adecuada en cada momento. ¿Qué debo hacer? ¿Por donde debo empezar?


magoEn lugar de contestar, el sabio le formuló una pregunta:


- De una chimenea salen dos hombres. Uno con la cara tiznada y el otro con la cara limpia, ¿cuál de los dos irá a lavarse?


- Es evidente -dijo el hombre, sin pensarlo demasiado- que se lava la cara el que la tiene sucia.


- ¡En absoluto! –dijo, entonces, el sabio. ¡El que está limpio! Pues, éste, al ver al compañero sucio enfrente de él, se dice: “Ya que está sucio, yo también debo estarlo. Por lo tanto, tengo necesidad de ir a lavarme”. Mientras que el que está sucio, al ver a su compañero limpio, se dice: “Puesto que él está limpio, yo también debo estarlo. Por tanto no es necesario que vaya a lavarme”.


No siempre lo evidente acerca a la actitud adecuada. Ve a casa y piensa.


El hombre se fue y regresó a los quince días. Entonces le dijo al sabio:


- ¡Qué estúpido fui! Tenías razón. El que se lava la cara es el que la tiene limpia.


- En absoluto –contestó el sabio. ¡El que está sucio! Pues éste, al ver sus manos llenas de hollín, se dice: “¡Estoy sucio! Tengo que ir a lavarme”. Mientras que el que está limpio, al ver sus manos limpias, se dice: “Como no estoy sucio no tengo necesidad de lavarme...”.


La inteligencia y la lógica no siempre pueden darte una evaluación sensata de una situación. Sigue pensando.


El hombre regresó a su casa y pasados quince días volvió:


- ¡Ya sé, maestro! Los dos se lavan la cara. El que tiene la cara limpia, al ver que el otro la tiene sucia, cree que la suya está sucia y se lava; y el que la tiene sucia, al ver que el otro se lava la cara después de verlo, comprende que la tiene sucia y también se la lava.


El sabio hizo una pausa y luego añadió:


-No siempre la analogía y la similitud te servirán para llegar a la evaluación correcta si no es de una manera fortuita.


-No entiendo –dijo, desalentado, el hombre.


El sabio lo miró atentamente y le dijo:


-¿Cómo puede ser que dos hombres bajen por la misma chimenea y uno salga con la cara sucia y el otro con la cara limpia? Los dos, forzosamente, tienen que tener la cara sucia.


Cuando un problema está mal planteado, todas las soluciones son falsas.

 

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