
Entendemos por Perseverancia el esfuerzo continuo necesario para conseguir todas aquellas metas y objetivos que nos propongamos y la habilidad para buscar soluciones y superar los obstáculos que nos encontremos por el camino.
Además de ser un valor humano fundamental, es imprescindible adquirirlo en las edades más tempranas ya que es a partir de los tres años cuando el niño es consciente de la importancia de la constancia en las tareas cotidianas para poder lograrlas y conseguir estabilidad y confianza en sí mismo. Si bien, es durante la infancia, cuando el niño adquiere de una forma espontánea casi sin darse cuenta, que las tareas no son tan difíciles si las repetimos en el tiempo e invertimos el esfuerzo de no flaquear en el camino. Para ello, los padres deben ser contantes en sus actuaciones para transmitir estabilidad en los hechos, así, si nos encontramos con niños a los que les cuesta dormir en su habitación solos, separarse de sus padres y quedarse con los abuelos, o no ser siempre el centro de atención de sus padres, éstos deben permanecer firmes en sus actuaciones, y las consecuencias de finalizar o no una tarea, deben ser siempre las mismas.
Para que el aprendizaje no acabe en vanos intentos y la frustración se apodere del niño cuando no consigue las cosas que quiere a la primera, es muy importante adaptar los retos a las edades y nivel madurativo en el que el niño se encuentre, dividendo la tarea en pequeñas sub-tareas y así poder reforzar cada pequeño paso conseguido. De esta manera, conseguiremos animarle para que acabe lo que está haciendo ayudándole a superar las dificultades que le puedan surgir en el camino. Por ejemplo si la tarea asignada consiste en arreglar la habitación, no podemos esperar a que la termine para felicitarle, sino que deberemos animarle mientras recoge los juguetes, guarda los zapatos, hace la cama y así hasta que haya conseguido la tarea completa.
Cuando realiza una salida a un campamento o escuela de verano, el niño tiene la oportunidad de asimilar las tareas mediante el juego y la convivencia con otros niños. A lo largo de las experiencias vividas, se puede observar que el primer día de estar fuera de casa, el niño necesita un apoyo muy continuo del monitor, pero pasado los días, el grado de autonomía del niño aumenta y con ella, la confianza en sí mismo. Y no hay que olvidar, que en estos periodos vacacionales, las prisas no existen y el ritmo se adapta a cada uno, reafirmando así las responsabilidades adquiridas en el ámbito familiar pero que con el ajetreado ritmo de vida, el margen de aprendizaje se acorta y cuesta que forme parte inherente del día a día. Por eso, las escuelas y los campamentos sirven de instrumento para reforzar las acciones adecuadas y su permanencia en el tiempo.
Tareas sencillas como ayudar a poner la mesa, comer sin ayuda, ducharse y vestirse solitos o realizar una manualidad creativa que le ayude a enfocar su atención hasta terminarla, son tareas que las prisas diarias no nos permiten que perciban la fustración de no conseguirlo, para seguir intentándolo. No nos da tiempo. Es en éstas circunstancias fuera de esas prisas cuando educadores y organización se adaptan a ése ritmo necesario para su maduración.
Con respecto a la adaptación en el aprendizaje, es imprescindible poder trabajar en grupos con homogeneidad en las edades para que los juegos y talleres sean siempre acordes al nivel madurativo de los niños. Los retos a superar, deben ser posibles y en la mayoría de los casos, tendremos que dividir una gran tarea en pequeños pasos para evitar la frustración y proporcionar al niño la experiencia positiva de acabar una tarea independientemente de si el resultado es satisfactorio o no, ya que las limitaciones se compensan con la constancia y así construimos hábitos de perseverancia y esfuerzo. Con lo que también le haremos ganar en autoestima, al hacerse sabedor de que puede conseguir cualquier cosa que se proponga, simplemente siguiendo con el intento: Ya no le dará su percepción de sí mismo, sus capacidades físicas, sino sus capacidades personales.
Otro aspecto importante es la persistencia en un objetivo a través de varios días, es por ello que durante el tiempo que duran las escuela y campamentos, se plantea una temática concreta (piratas, indios, extraterrestres…) y durante el desarrollo de la misma, los niños tiene que realizar diferentes juegos para conseguir un objetivo final, como puede ser convertirse en indios, encontrar un tesoro pirata o arreglar la nave de los extraterrestres. De esta manera, el nivel de perseverancia aumenta cuando se incrementa el tiempo para concluir la tarea, ya que los niños pueden terminan un proyecto de varios días como puede ser arreglar una nave espacial con las piezas que van encontrando a lo largo de los días que se desarrolla la escuela o el campamento. Este aspecto, junto con el refuerzo positivo ante los logros conseguidos, también debe tenerse en cuenta en la educación de la perseverancia en el colegio y en casa.
Vanesa Ruiz Sanchez
Coordinadora Pedagógica Parque ADAI